Me produce una gran alegría retomar de nuevo este blog , cuando en 2013, anunciaba el final del camino a Santiago que Alicia y yo realizamos desde Roncesvalles hasta Logroño. Lamentablemente fue interrumpido a causa de lesionarme en el mismo. En octubre de ese mismo año, descubrí que el camino me preparó para afrontar la enfermedad que me sería diagnosticada y que hasta el día de hoy está siendo tratada. Consideré un regalo haber podido realizar esa etapa y conocer de cerca todo lo que el camino aporta al interior de cada persona. 

Nunca hay que perder la esperanza y de una forma u otra siempre llega una señal que nos alienta a seguirla, aunque no tengamos claro a donde puede llevarnos. Alicia retoma hoy el camino donde lo dejó, esta vez le acompañan dos de sus hermanos que han querido contagiarse también de ese espíritu jacobeo, que nace desde el día que uno decide realizar la senda que lleva a la tumba del apóstol. Ello me anima a intentarlo de nuevo el próximo año ahora que dispongo de más tiempo. Dios dirá…


Me enorgullece, que los tres hermanos que este año han podido ir , no hayan temido a las obstáculos que han ido surgiendo y hayan permanecido fieles a sus propósito, que  desde ayer al salir de casa ya están cumpliendo. 



Esperaremos a que finalicen esta etapa  que acabará en Burgos y que tanto Alicia,  Inés y Álvaro, puedan aportar su experiencia en estas páginas de su caminar.

Aprovecho para dar unas pinceladas de lo que hoy nos han contado en sus breves paradas.

Inés se despertó a las 4 de la madrugada, así que aprovechó y levantó a sus hermanos pensando que mientras menos sol cogieran mejor les iría, ya que la etapa de hoy es de Logroño a Nájera (29,6 kms) A las 8, 15, pararon para desayunar en Navarrete  y  de momento no hay más, así que lo dejo en “pause” hasta que ellos quieran. ¡Buen camino!




En el Camino hay personas muy diferentes tanto por su edad y circunstancias como por sus motivaciones y su actitud religiosa (creyentes, alejados, ateos). Pero este itinerario espiritual es común, se da en todos ellos independientemente de que lo busquen o no busquen. Es un fenómeno propio de la peregrinación.

Para caminar no sólo hay que mirar el suelo, es preciso levantar la vista. El Camino es ocasión de contemplación, y hay que olvidar la prisa, hay que dejar tiempo para contemplar. En primer lugar contemplación de la naturaleza, algo a lo que el espesor de nuestra cultura científico-técnica contemporánea no nos tiene acostumbrados: casi siempre estamos en contacto con casas, coches, ciudades… con la obra del hombre. Pero la peregrinación nos pone en contacto con la grandiosidad de la creación: el cielo, las montañas, los ríos, los animales.

Hacer el Camino no es quemar kilómetros o etapas sin más. Supone adentrarse en una tradición secular que ha dejado multitud de testimonios: el propio trazado, las poblaciones y monumentos que lo jalonan, el arte, las costumbres de los peregrinos, los relatos, los testimonios…
El peregrino debe ver todo, todo lo que pueda, pero no es un turista. El turista viaja con confort, visita un lugar, mira todo, curiosea, fotografía, y vuelve a su casa él mismo, el que era,  simplemente enriquecido por los recuerdos de lo que ha conocido. El peregrino sabe cómo ha salido, pero no cómo va a volver.

El secreto de la peregrinación es descubrir nuestra propia condición de peregrinos, pero no del Camino sino de la vida. Los valores descubiertos en el Camino: la simplicidad, la nueva sociabilidad, el despojamiento, la liberación y el silencio, la experiencia de belleza y de verdad, incluso la apertura al Absoluto, son para retener y vivir en medio de la ciudad y la vida corriente, en el trabajo y en casa, con la familia y con los amigos.

Eso quiere decir ser peregrino: descubrir cómo encarnar valores nuevos, un yo renovado, allí donde vivimos. Y al mismo tiempo ser consciente de que toda nuestra vida será ahondar en esos descubrimientos, toda ella se convierte en peregrinación.

En este sentido decimos que el Camino es parábola de la vida: nos revela nuestra condición de peregrinos que han de seguir caminando hacia una meta no ya provisional sino definitiva. 
Ultreia


Una vez nos despedimos de nuestros amigos, esperamos largamente durante tres horas, a nuestro tren que nos devolvería a casa. Todo estaba cerrado y el calor era sofocante, así que decidimos irnos a la estación, donde estaríamos un poco más fresquitos.

La entrada a la estación, fue como estar en una película de fantasmas. No había ni un alma. Fuimos en busca del bar, para tomar algo fresco y allí encontramos a los tres empleados que en ese momento habitaban , en ese lugar. Debo confesar que se apoderó de nosotros una gran desolación. La tristeza por el camino inacabado, la despedida de los amigos, la soledad de la terminal…Decidí poner fin a ese estado y me puse a bromear con Alicia, con anécdotas personales, chistes, recuerdos de infancia. Logré mi objetivo. Alicia no paraba de reír.


Una hora después tuvimos una visita muy especial , como ya hablé de ella en mi blog Siete en Familia, os dejo el enlace para que conozcáis al visitante que nos asaltó. (enlace al post aquí

Subimos al tren y el viaje fue tranquilo. Paquito nos puso las pilas que necesitábamos. Nuestra llegada a casa fue genial. Nos esperaban con los brazos abiertos y con palabras llenas de aliento. Alicia entonces, no paró de contar todos los detalles del camino y noté que la experiencia le había marcado. Nunca podría olvidarla. 

Y aquí ,acabó nuestro largo, esperado y preparado camino. Una vez que lo inicias ya no puedes despegarte de él, no hay día que no piense en todo lo vivido.La experiencia espiritual, que derramó abundantes gracias en tan pocos días,  los grandes símbolos para aplicar en mi jornada diaria, el conocimiento de gente que se convirtieron  en pocos segundos en “tu familia”…


No sé si podré continuarlo algún día. Alicia cuenta ya con una experiencia que le servirá cuando vuelva a él.

Hoy , me doy cuenta de que cada día es importante, de que cada día tiene su bendición y que lo importante no es lo que se recorra… y los que lo han hecho saben de lo que hablo.

Aquí termina mi narración sobre el camino, pero  sigo caminando en la vida, así que más de una vez encontraréis otras narraciones sobre los pasos dados. 


Roma está a a la vista para este verano, así que… ahí nos volveremos a encontrar si Dios quiere 


Son las 10.45 y entramos en Los Arcos. El pueblo, está engalanado con guirnaldas, lo que me hace pensar, que han sido o serán las fiestas del municipio. Nos acompaña un sol que a esa hora, ya pica fuerte. A mí me cuesta cada vez mas apoyar el pie, y evito hacerlo, con lo que camino, con una pronunciada cojera. El pueblo es precioso, pero solo deseamos llegar al albergue para descansar. Viendo por las calles, que  ha aumentado su población ante las próximas fiestas, nos decantamos para ir a un hotel, también pienso que Alicia se animará en un lugar un poco más cómodo. Encontramos uno en pleno centro y a un precio asequible, así que allí nos quedamos.

Al subir a la habitación, nos lanzamos directamente sobre la cama. ¡Estamos reventados! Tengo la sensación de que el pie me quema y me descalzo. Tiene un color amarillento y morado, y no me gusta, pienso que con un buen baño y descanso se pasará.

Alicia se queda dormida y aprovecho para irle a buscar un zumo y una pasta para que coma algo, ya que apenas lo ha hecho durante l trayecto. Me da pena despertarla, así que se lo dejo en la mesita que hay junto a su cama. Aprovecho para tomar un baño relajante, el dolor del pie, aumenta por segundos, y los calmantes no surgen efecto, por lo que decido ir al dispensario médico.


Una vez que el médico lo ve, y lo toca, pronuncia las palabras que pensé nunca oiría. “El camino, se ha terminado para usted, tiene que dejar de andar”  …Puaffff, me desmoroné, le insistí en que si descansaba un día, podría seguir, pero él también me hizo hincapié  ,en que mi problema, iba más allá, de un día sin andar.  Confieso ,que mientras volvía al hotel, solo tenía ganas de llorar.

A mi llegada, desperté a Alicia, y le comuniqué que el camino se acabó. Noté en su cara, que la noticia no le entristeció, sino todo lo contrario. Se sintió renovada y me dijo: “Papá ,yo ya no podía más, pero no quería decirte nada, para no desanimarte” Empezamos a consolarnos , y levantar nuestro ánimo, echando una mirada atrás a los 135 kms recorridos , y a las muchas experiencias que en poco tiempo habíamos vivido. Decidimos quedarnos dos días descansando, para reponer fuerzas y disfrutar de ese hermoso pueblo. Llamamos a casa para comunicar la noticia y solo recibimos, palabras de cariño, aliento y alegría por el reencuentro. Eso fue algo muy valioso para nosotros.

No lograba apartar de mi cabeza, la tristeza que me había embargado ,por no poder seguir pero eso me plantea, buscar más allá de los hechos. ¿Porqué se acababa aquí?... Por la tarde salimos a conocer el municipio de Los Arcos. Había mucha gente. Los peregrinos, estaban en el albergue y era fácil encontrarse con ellos. Alicia se juntó con los dos jóvenes catalanes y pasó la tarde con ellos. Yo tenía ganas de estar a solas en la Iglesia, así que me fui y allí… busqué respuestas a mis porqués.


No dormí bien. Alicia por el contrario, lo hacía plácidamente, con la alegría de saber que por la mañana no tendría que madrugar. Tener conocimiento de que alivié su angustia, hizo que me sintiera mejor, aunque la tristeza por abandonar no quisiera apearse de mi .

Tal como preví, Alicia se levantó tarde. Le preparé un desayuno servido en cama, así que ví una gran sonrisa en su cara, como muestra de agradecimiento, cuando se lo puse ante ella. Decidimos pasar el día tranquilamente, conociendo el pueblo. Salimos para ver llegar a los peregrinos del día, que llegaban. Nos sorprendimos al ver algunos de los que iniciaron el camino en Roncesvalles con nosotros. Eso significaba que llevaban un ritmo más lento que el nuestro, otros también llegaban lesionados. La visión, me resultaba muy emotiva, y hacía esfuerzos por no mostrar mi pesadumbre. No paramos de contar las anécdotas de estos días, y nos reímos mucho con algunas.


Por la tarde asistimos a una misa solemne que se celebraba en el pueblo, con motivo de las fiestas. Alicia quedó encantada, porque fue muy hermosa, acompañada toda la liturgia con unos cantos de la tierra, que ponían la piel de gallina. Allí, depositamos la lista de todas las personas, que llevábamos para encomendar a lo largo del camino. Pusimos a los pies de la Virgen, todas las intenciones de cada uno de los nombres allí escritos.


Alicia, volvió a quedar con los dos catalanes y yo me fui al hotel. No podía caminar mucho, así que preferí quedarme, lo que me proporcionó un momento mágico, ante el paisaje que desde nuestra habitación se podía contemplar. Tenía  el campanario de la iglesia ante mí, estaba iluminado y resultaba precioso. El entorno, me ayudó a vivir un momento de belleza y serenidad interior, que me invitaban a la alabanza y gratitud hacia el Creador.


Por la mañana, cogimos el autobús que nos trasladaría a Logroño, para nuestro retorno a Barcelona. Supimos que la gran mayoría de peregrinos que iniciaron con nosotros el camino en Roncesvalles, terminaban su etapa en Logroño, así que eso alivió un poco mi pesar, algunos peregrinos me animaron, diciéndome que otros habían abandonado antes. Poco a poco iba aceptándolo.


El viaje en autobús, fue una tortura para Alicia. Se mareó y no paraba de vomitar, como no había bolsas, le ofrecí mi gorra para el sol, que tuve que tirar, nada más bajar del autocar. En la estación nos esperaban los catalanes, quienes se ofrecieron a pasar el día con nosotros, hasta la hora de partida ,que teníamos por la tarde. Compartimos la comida juntos, intercambiamos direcciones, y nos deseamos un encuentro futuro. (Seguirá)


Alicia no para de mirar el mapa, para ver cuánto falta para el próximo pueblo.  Después de Azqueta, viene Villamayor de Monjardín, y se entra en un área despoblada, en la que solo puede verse de vez en cuando algún agricultor ocupado en sus faenas.

Pocos son los árboles que nos topamos, donde resguardarnos del sol. Por suerte el terreno es llano, pero muy pedrogoso, lo que hace que complique mi metatarsalgia.

Alicia me comenta desanimada que faltan casi 10 kilómetros para llegar a nuestra etapa. Que no vamos a encontrar un pueblo en ese tramo. Las cantimploras están llenas ,así que no nos preocupa el agua, pero yo sí que estoy preocupado por Alicia. Apenas habla, ni sonríe, se limita a escuchar lo poco que le comento. Intento distraerla con algún juego, o contando anécdotas personales que le arranquen una sonrisa, pero apenas lo consigo.


Tiene su mirada clavada en el suelo y le invito a que disfrute del paisaje, y me dice algo que me hace reír: “es que así no veo lo que falta, porque si miro y no veo casas, me vengo abajo”…. Empieza ha hacer calor y bebemos frecuentemente, calculando que las dos cantimploras nos lleguen hasta  el final de la etapa. Pero yo… no puedo más. Empiezo a preocuparme. Aún faltan unos cinco kilómetros y me duele muchísimo la planta del pie. Noto el peso de la mochila. Necesito parar, y me temo que esos pocos kilómetros van a ser agónicos. Alicia también se alegra de que pare.

Sin pensármelo, me tiro en medio del camino, para apoyar mis piernas en una roca que se encuentra en medio del mismo. Descanso, y me asalta un desaliento tremendo, tengo ganas de llorar, pero no quiero transmitir nada a mi hija. Soy consciente de que mientras más esté parado, más me va a costar continuar, así que sin ganas, volvemos a retomar el camino. En ese momento me viene a la mente, una a aplicación para mi vida . ¡No rendirse nunca, levantarse, continuar, la meta nos espera! Ofrezco esos momentos por la gente que está tentada de abandonar su lucha personal, en cualquier ámbito, pero de forma especial por aquellos que sienten su caminar en soledad. Me acuerdo de los enfermos, de los misioneros, de los perseguidos… parece que eso, me ha dado las energías que necesitaba para continuar.


Pasados veinte minutos, tengo que parar de nuevo. Aprovechamos para comer una pieza de fruta y Alicia se aleja unos metros para escribirse con alguien por el móvil. Noto que está abatida.

Encontramos a un señor mayor que viene en sentido contrario al nuestro. Nos alienta, diciendo que en la próxima curva llegaremos a Los Arcos. Menudo refrescón nos ha dado el buen hombre. Empleamos las pocas energías que nos quedan para afrontar esos últimos metros con ilusión.


Así es. Giramos y nos encontramos a un grupo de gente montada en caballos que se dirigen a un campo. Son  los preparativos para la fiesta del pueblo. El espectáculo de caballos es precioso. Invito a Alicia, a contemplarlo, pero ella, está desolada. No tiene ganas de nada, solo de llegar y descansar. Llevamos casi seis horas andando y los dos estamos lesionados, con el ánimo por tierra. (Seguirá)



12 agosto 2012
Etapa :Estella – Los Arcos. Salida a las 5.30 - Llegada a las 10,45. Km. recorridos hoy: 20,1. Km totales: 108.84

Una vez más, ponemos el despertador a las 5 de la mañana, anhelando que el calor, no nos alcance. A las 5,30 salimos, del hostal. El pie derecho me duele, y comienzo la etapa un poco desanimado, ante esa molestia que no desaparece.

Las mochilas parecen pesar más que nunca. Alicia le ha costado mucho levantarse, y noto en su cara y en su silencio, que hoy se hubiese quedado descansando. Tengo un mal presentimiento y noto que me falta la ilusión de los otros días.

Es de noche aún. Al salir de Estella, entras en caminos donde no hay visibilidad. Tenemos que ponernos las linternas en la cabeza y caminar bajo su luz. Nos encontramos con dos chicas jóvenes y al pasarlas, solo intercambiamos el saludo habitual “Buen camino” también van en silencio. En un cruce, no divisamos la flecha que indica el camino, así que esperamos a las que hemos dejado atrás. Por fin vemos la flecha amarilla y continuamos.

Le pregunto a Alicia por sus ampollas y me dice que le duelen, pero que no me preocupe. Aprovecho para tomarme un voltarén, a ver si me baja un poco la inflamación que vi por la mañana en el pie.

Por fin encontramos una de las curiosidades que había visto por internet. Se trata de la “Fuente que mana vino”. Bodegas Irache ha construido en uno de sus muros que da al Camino de Santiago una Fuente de Vino para invitar al peregrino a un trago de este magnifico caldo. Este rincón del Camino de Santiago ya era conocido en el siglo XII como "Tierra de buen pan y optimo vino", según consta en el Codice Calixtino.


Aparece como punto de interés en muchas Guías del Camino de Santiago y en cientos de referencias en internet. Miles de personas de diferentes nacionalidades la han visitado por ser algo insólito en el Camino.

Pero mi gozo en un pozo, ya que era domingo y ese día, la fuente del vino, no ofrece ese deleite. Según nos contaron, los días festivos no hay nadie que vigile la fuente, ante algunos aprovechados que la utilizaban para llenar garrafas, para su consumo personal.¿Sería un presagio que acompañaba a mis malos presentimientos?....

Nuestro ritmo es rápido, el frescor de la mañana y la obsesión por ver a “Lorenzo” lo menos posible, nos empuja a ello. Nos olvidamos de nuestro dolor, por momentos, aunque el silencio sigue dominando. Interiormente, hago mis oraciones, y sigo meditando sobre aspectos de mi vida y mi fe.

Empiezo a preocuparme, porque Alicia, me hace parar frecuentemente, con la excusa de beber, pero veo que cada vez  que nos detenemos se toca los pies. A mí, estas paradas no me sientan bien. Cuando camino noto menos el dolor del pie.

En Azqueta , (7km después de Estella) Una nueva parada solicitada por Alicia; le propongo desayunar con un pan que compramos y una tableta de chocolate. Encontramos unos bancos, para sentarnos. Vemos pasar a un grupo de jóvenes, que han pasado la noche divirtiéndose y que se recogen en sus casas para dormir. El contraste de su cansancio y el nuestro, me interpela y esa reflexión me acompañará en los siguientes kilómetros.

De repente empiezan a salir gatos por todas partes. Muchos gatos, reclamando caricias y alimento. Alicia tiene fobia a ellos, y se levanta corriendo para irse al otro lado de la calle. No puedo evitar un ataque de risa y me meto un rato con ella. Ello, nos sirve para relajar un poco la tensión que llevamos.


La parada de veinte minutos, ha sido fatal para mí. El pie me duele muchísimo. La mochila me pesa , y noto como si llevara una piedra dentro del calzado. Tengo que pararme  de nuevo y comprobar que no se ha metido nada dentro de mi zapatilla. Al descalzarme, me toco la zona dolorida, y compruebo que el pinchazo, me lo produce el más mínimo roce  que contacta con ella. Decido ponerme un vendaje, pero me molesta aún más y tengo que quitármelo enseguida. Procuro no preocupar demasiado a Alicia, a quien noto muy ,muy callada.(continuará)

En el bar ya han cerrado la cocina, y dicen que solo sirven bocadillos, así que  resignados , aceptamos unos bocadillos de lomo. Habíamos soñado con un buen plato de patatas fritas, baicon y huevos … ohhhhhhh...

Nos sentimos agotados , se refleja en nuestro silencio. Es uno de los días más calurosos. La vuelta al hostal se hace penosa. El sol nos da de lleno, los pies están doloridos. Estamos deseando coger la cama y descansar. Dormimos una buena siesta de tres horas. El pie me duele cada vez más, casi no puedo apoyarlo. Me pongo una crema antiflamatoria y me lo vendo, pero no logro ver disminuido mi dolor.

Decidimos ir a misa. Es sábado, y no sabemos si el domingo, en nuestra siguiente etapa, encontraremos misas, así que preferimos asegurarla, aunque no nos apetece nada salir del hostal. La iglesia está a un kilómetro, nos encontramos por el pueblo a varios peregrinos conocidos, haciendo turismo.


No encontramos la iglesia, así que preguntamos a la primera persona que se cruza con nosotros. Es una señora, y se ofrece a acompañarnos. La Iglesia es muy bonita, dedicada a San Miguel. Una vez más, la consolación me es regalada desde lo alto. Me encanta estar allí en la iglesia, con su historia, sus imágenes, el pensamiento de tantos peregrinos que habrán pasado por ella, las miles de plegarias que allí se han depositado… realmente es un oasis a mi cansancio. Alicia, me acompaña resignada, noto que no se encuentra bien y que desearía estar descansando, pero no se queja. 

El sacerdote al finalizar la misa, invita a los peregrinos a acercarse al altar para impartirles la bendeción del peregrino. A mi me encanta cada vez que lo hacen. Llega a emocionarme y me produce un gran consuelo interior. 


Al terminar la misa, nos despistamos para volver al Hostal, así que durante quince minutos andamos perdidos, intentado buscar alguna referencia conocida. No nos bastan los kilómetros que andamos durante la jornada, tenemos fijación por seguir andando aún cuando no toca.

Nuestra cena va a ser muy ligera. Nos hemos ido a comprar embutidos y pan bimbo a un supermercado Dia, cerca del hostal.  Alicia no tiene mucha hambre. Recibe una llamada de teléfono de una amiga, que le alegra la jornada. Así que se va un rato a la calle (por la cobertura) a charlar con ella. ¿Un rato?... una hora de reloj y no sube, así que tengo que darle un toque para que lo deje.

Son las 21,30 h. yo ya no puedo más, el dolor del pie se me ha calmado, aunque me deja preocupado. Decidimos acostarnos pronto, para madrugar. Volvemos a mencionar el pánico a caminar con el sol encima de nosotros. Nos dormimos enseguida. Aguardamos el reto de la próxima etapa.



11 agosto 2012
Etapa :Puente la reina - Estella. Salida a las 5.30 - Llegada a las 11,30. Km. recorridos hoy: 23,1. Km totales: 88.84


El despertador suena a las 5. Nos cuesta un montón levantarnos. Nuestros cuerpos se quejan, nos duele todo y somos incapaces de callarlo.

A las 5,30 abandonamos el hotel, las calles de Puente la Reina están vacías, encontramos a dos peregrinas que han madrugado como nosotros. Van en silencio, solo nos intercambiamos el saludo habitual: “buen camino”.  Es de noche, estamos somnolientos , así que atravesamos el famoso puente, como si se tratase de la rutina más habitual. Ninguna ganas de pararnos para fotos, así que caminamos y caminamos en silencio.



El día está un poco nublado y nosotros contentos por ver el cielo gris. Sentimos pánico a que Don Lorenzo vuelva a castigarnos con sus rayos , llevamos un ritmo  rápido  y empezamos a cruzarnos con varios peregrinos. Vemos  en varios de ellos, gestos de dolor, otros compañeros, masajean sus piernas y realizan estiramientos. Es la nota del día, no son uno ni dos, sino varios, los que encontramos con un rostro compungido. Hay pocas ganas de hablar, el silencio acompaña a todos los que nos encontramos.


Al llegar a Cirauqui (casi 9 km desde Puente la Reina) Alicia, me comenta de que le duele un dedo, así que cuando encontramos un sitio para pararnos, le hago que se descalce para mirárselo. ¡Lo que sospechaba! Aparece la primera ampolla. Es grande y tiene un color blanquecino. Me toca poner en práctica lo aprendido. Aplico betadine, ¡escueeeeeece!... , paso  una aguja con hilo esterilizada y  atravieso la ampolla para que drene. Le pongo una pequeña venda y reiniciamos el camino. Me da una pena enorme, ver que es ella la lesionada. No se queja, aguanta el dolor. Puede seguir caminando.


Al pasar Lorca (14 kms desde Puente la reina) se nos hace muy dura la etapa. El sol vuelve a salir y el calor nos acosa de nuevo. Voy pendiente de la ampolla de Alicia, quien sigue sin quejarse, aunque muestra su dolor cuando le pregunto. Es una ocasión propicia, para hablarle del sufrimiento en este mundo, de la gente que cada día tiene que luchar para aceptarlo y ofrecerlo. Le animo a que ofrezca la jornada por alguna intención.

Quedan 4 kms para Estella, pasamos por Villatuerta, llevamos 19 kms andados, y estamos que no podemos más. No somos los únicos. Oímos comentarios de otros peregrinos, que reflejan el cansancio acumulado. Las mochilas nos resultan muy pesadas Dan ganas de abandonarlas en el camino… Vemos un letrero avisándonos de que quedan 2 kilómetros para Estella y creo que son los  más largos de nuestra vida. Se nos hacen eternos. Parece que el municipio de Estella , ha desaparecido.


Cuando entramos en el pueblo, encontramos  un parque con césped; todos los peregrinos que llegamos, nos lanzamos a tierra bajo la sombra de los árboles. No queremos pensar, solo descansar.  Decidimos ir a un hostal. No nos encontramos muy bien, y preferimos reposar en un lugar tranquilo. Vamos a la oficina de turismo y nos aconsejan uno económico, pero hay que andar un tramo de casi un kilómetro. Alicia se desmorona, me dice que cojamos un taxi. Yo le animo, ante la belleza de las calles de Estella, así que distrayéndole con preguntas, llegamos a nuestro destino, casi arrastrándonos por el suelo...


El Hostal resulta ser un piso, donde se alquilan habitaciones. No está mal, pero el dueño nos dice que no abramos las persianas, porque sino el sol calienta la habitación. No hay aire acondicionado, sino un ventilador  ruidoso. Es decepcionante, pero el cansancio acepta lo que sea.

Nos duchamos y reviso la ampolla de Alicia. Nueva sorpresa : Le ha salido otra. Me encantaría consolarla, y que fuera yo el que las tuviese, pero … le ha tocado a ella.

La verdad es que le reproché no haber seguido mis indicaciones. Cada mañana, antes de salir, yo seguía el ritual de cuidar los pies,  tal como había leído en mi preparación del camino. Me untaba con abundante vaselina cada uno de los dedos y los hidrataba a menudo. Ella descuidó esa tarea y zas… ampollas a la vista.

Decidimos ir a comer a un bar, pedimos consejo al hostalero y nos aconseja uno.  El sol pica fuertemente. Son las dos de la tarde y vemos como a esas horas van llegando peregrinos. Me aterroriza verlos como llegan. Capto perfectamente como deben sentirse.



Mientras buscamos el bar aconsejado, noto un dolor en el metatarso del pie izquierdo. Cada vez es más intenso y me hace caminar cojeando. Pienso que es algún mal gesto que se pasará con el descanso. (continuará)

Ha sido una etapa dura para mí. Me he asustado, ante los síntomas experimentados. Me tomo una Coca Cola para recibir un poco de azúcar a ver si me repongo. El personal del hotel, me obliga a descansar y tramitar el hospedaje más tarde.

No puedo comer, sigo con náuseas y un fuerte dolor de cabeza, así que decido tomar una ducha y acostarme. Alicia sigue un poco asustada al verme tan agotado. El silencio reina entre nosotros. Ella tampoco quiere comer y decide hacer lo mismo que yo.

Tras tres horas de siesta, me siento recuperado. He decidido aliviar todo lo que pueda ,el calor, así que me pongo a buscar una peluquería y me pelo al cero. Tenía que haber fotografiado la cara de mi hija; cuando me vio entrar. Solo decía: “ papaaaaa” entendí que no le gustó nada.

Alicia tiene ganas de salir, con los jóvenes que ha conocido en el camino, así que le doy permiso para que vaya con ellos. Yo me voy a misa. Me apetece muchísimo estar ante el Señor, así que aparezco en la iglesia  una hora antes. El templo es precioso. También lleva el nombre del apóstol. Siglo XII.


Empieza el rezo del Rosario y experimento una consolación espiritual que me hace alabar a Dios por todo. Encomiendo de nuevo a todos los que me han pedido oraciones.

Al finalizar la misa. El sacerdote llama a los peregrinos, para impartirles una bendición especial.  Salimos unos diez. Reconozco a alguno que ví en Roncesvalles. Me resulta difícil no controlar las lágrimas. Cada vez que recibo una bendición, siento que  mi interior, se ilumina.

Vuelvo al hotel, esta vez con ganas de cenar. ¡Me noto hambriento! No hay nada como descansar y tomar fuerzas en el Señor. Me siento totalmente renovado, del cansancio de la jornada. No tengo ganas de irme a dormir y no paro de hablar con Alicia. Esta vez, aprovecho para poner humor a todos los momentos vividos. Nos reímos de las anécdotas y noto que Alicia, está de nuevo relajada.

He tenido que llamar a recepción, para que suban a rescatar a mi hija del baño. Se ha quedado encerrada, y no hay manera de abrir la puerta. Se presenta una chica, con un alambre y zas, todo solucionado. No podemos aguantarnos, y tenemos un ataque de risa, que nos acompaña durante mucho rato. Tardamos en dormirnos. Hace calor y el aire acondicionado no funciona. Me pongo nervioso ,y no paro de trastear el aparato. No consigo nada, y como veo que me estoy saliendo de mis casillas, y tampoco dejo dormir a Alicia, decido dejarlo y aguantarme. Mañana nos espera otra etapa y hay que levantarse temprano.


10 agosto 2012
Etapa :Pamplona-Puente la reina. Salida a las 6.30 - Llegada a las 14,30. Km. recorridos hoy: 23,6. Km totales: 65.74

Casi imposible dormir en el Hemingway. Toda la noche han estado levantándose otros peregrinos, que si al lavabo, que si comer algo, que si unas risas por aquí, unas palabras por allá… Yo no he dormido y Alicia dice que se ha despertado muchas veces.

Nos levantamos a las 6 y notamos que el día amanece caluroso, desayunamos un poco en el albergue y salimos dirección Puente la reina. Dentro de la ciudad, nos despistamos y no encontramos la flecha amarilla que indica el camino, así que decidimos volver para atrás. Tras quince minutos perdidos, por fin encontramos la ruta. ¡Sienta a cuernos caminar, cuando no es por el sitio adecuado!

Volvemos a encontrarnos con nuestros amigos catalanes, iremos juntos , las tres horas siguientes, se nos une una familia de Madrid. A mí me da la impresión de que el ritmo que llevamos es muy fuerte, y empiezo a dudar de mis posibilidades de continuar con ellos. Pasamos por delante de la universidad de Pamplona, ello hace que mi amigo y yo, recordemos nuestra etapa estudiantil, y de ahí un recorrido por nuestras vidas . El intercambio de experiencias, ha sido muy enriquecedor. Tocamos varios temas. La fe, el vacío de esta sociedad, los valores, los hijos, el trabajo… Me he sentido muy bien con este rato de conversación, no me he centrado para nada en el caminar, pero el cansancio empieza a asomar.


A las tres horas de caminata, paramos a comer fruta, galletas, chocolate… son las 10 de la mañana y ya hace mucho calor. Hoy no sé que pasa, pero veo muchísimos peregrinos, prácticamente vamos todos juntos. Las caras empiezan a ser familiares.

Veo a  a cuatro niños de unos once o doce años que acompañan a sus padres. A mi me parece que es un palizón para esa edad, pero a lo mejor es un día de excursión, porque sus mochilas son muy pequeñas.

Sabemos por la prensa que hoy es un día de los mas calurosos, los termómetros marcan 40 grados. Necesitamos beber continuamente, yo lo hago cada quince minutos.


El sol pica fuertemente, las subidas se hacen muy dificultosas. Tengo que pararme frecuentemente. Me falta el aliento en algunos tramos. La sed se apodera de mí, y necesito beber cada vez más. Las fuentes que encontramos son verdaderos oasis, donde nos zambullimos casi por completo. De cintura para arriba, nos empapamos… En pocos minutos, estamos secos. Noto que para la cantidad de agua que llevo ingerida, no orino y empiezo a preocuparme, he notado mareos y naúseas en algunos tramos. No digo nada a Alicia, pero nota que me pasa algo.

La subida al Alto del Perdón se me hace interminable. Siento la tentación de tirarme al suelo y quedarme allí un tiempo indefinido. Los peregrinos que pasamos o nos pasan, también muestra claros signos de cansancio. El silencio, domina el ambiente, a pesar de ser muchos los que ese día caminamos juntos. Empiezo a sentir escalofríos y las náuseas aumentan. La sed es insaciable. Llevo la cantimplora en la mano y no paro de beber. Desde que salí de Pamplona, he bebido cuatro litros y aún no he orinado. De repente noto un dolor de cabeza muy fuerte, unas enormes ganas de vomitar . Me asusto. Se lo digo a Alicia, que muestra su preocupación, pero apenas quedan unos metros para llegar al Alto del perdón. Hago un último esfuerzo y sigo caminando con mucha dificultad. ¡Por fin llegamos! Encontramos a muchos peregrinos haciéndose fotos, junto a las figuras de bronce que se encuentran en la cima. Paramos a descansar, refrescarnos, comer,… noto que empiezo a recuperarme y a sentirme mejor.


Entablo conversación con unos italianos. Me comentan que la bajada que nos espera es peor que la subida, yo pienso que bajar me resultará más fácil.

Tras veinte minutos de descanso continuamos. Y efectivamente, la bajada está castigando a nuestras piernas. El terreno es muy pedregoso, por lo que tenemos que ir con cuidado. Gracias a los bastones, yo lo llevo bastante bien. El señor de la familia de Madrid que nos encontramos, empieza a tener la rodilla inflamada. Le ha salido un bulto del tamaño de una pelota de tenis, y empieza a quejarse de dolor, dice que la bajada lo está matando.


Llegamos a Uterga, vemos a un montón de peregrinos tirados por el suelo en un campo lleno de césped, sin calzado. Cola en la fuente, para refrescarse los pies y la cabeza. Un señora mayor, gritando “si hay entre los peregrinos un podólogo que le de un masaje en los pies”. ¡Como para decir que sí, si lo había!.. seguro que se lo comen. Compramos una coca cola para subir un poco la tensión, creo que nos falta azúcar.


El grupo de italianos, va acompañado por un autocar. Traen a su cocinero quien ya les ha preparado un plato de pasta. Ellos se quedan a comer en ese lugar. El resto seguimos hacia Puente La Reina. Los cuatro kilómetros más duros para mí, hasta el día de hoy. No hay sombra, hemos visto 41 grados en el termómetro y la mochila pesa mucho. Se hacen eternos. Alicia está agotada. No tenemos fuerzas ni para hablar.


Divisamos Puente La Reina, y recuperamos un poco de aliento. Yo no me encuento bien. Algo me pasa. Tiemblo por los escalofríos, las naúseas han vuelto y estoy muy rojo. Por fin llegamos al albergue.¡Hemos tardado ocho horas! Está a tope, así que nos vamos al hotel. No tengo más fuerzas, necesito desprenderme de la mochila y la tiro al suelo. La arrastro hasta recepción y al llegar, zas…. Me tiro al suelo. La recepcionista se asusta, me traen un vaso de agua. Alicia no sabe que hacer y muestra cara de preocupación. La tranquilizan. Me dicen que estoy deshidratado, y les cuento que llevo cinco litros bebidos. Me invitan a descansar un rato. Vuelvo a recobrar la normalidad. (continuará)



9 agosto-2012

Etapa :Zubiri- Pamplona. Salida a las 7.45- Llegada a las 13.10. Km. recorridos hoy: 21. Km totales: 42.14

Hemos dormido profundamente, aunque nos hemos quejado los dos, de que las agujetas, no han dejado de molestarnos durante el descanso nocturno.

Como la etapa de hoy,  tiene un par de kilómetros menos, decidimos levantarnos un poco más tarde. Al salir a la calle compruebo que no hemos sido los únicos que atrasaron su despertador.

Al salir del hostal, nos encontramos de nuevo con los amigos del día anterior. Antes de emprender la marcha, compramos algunos víveres para el camino. Ellos se quedan un rato más. Alicia y yo reanudamos el camino.


Ofrecemos el día a Dios, pedimos la intercesión de María, y los ángeles custodios, y guardamos un buen rato de silencio. El paisaje es precioso. El bosque dominado por robles , pinos y boj, hace que sea agradable atravesarlos. Nos pasan muchas bicicletas en esta etapa, llevan un ritmo que me admira.

Al llegar a Irotz, (11 km. Desde Zubiri), encontramos a un vecino del pueblo, sentado en el portal de su casa, que nos ofrece su bota de vino, para refrescarnos. La acepto con gusto, aunque tengo que advertirle que Alicia es menor, porque no deja de insistir, en que ella también se anime. Me ha encantado este detalle de hospitalidad. Mi hija se queda gratamente sorprendida, y me lo hace saber.

Noto que llevamos un ritmo más rápido, vamos adelantando a bastantes peregrinos que han salido antes que nosotros.  Alicia, se queja de las agujetas en las piernas. Yo no las noto, pero el calor empieza a querer acompañarnos.


Solemos parar cada dos horas, unos 10 minutos, para comer y beber alguna cosa. Aunque apetece mucho, no volver a levantarse, y quedarse tumbado un buen rato. Hay que hacerse violencia y volver a cargar con una mochila, que empieza a ser una pesadilla para nosotros. Yo llevo casi 9 kilos encima y Alicia unos 7 . 

Bebemos agua sin parar. Hay que hacerlo aunque no se tenga sed. Me dice un peregrino experto, que si no se bebe, el cuerpo acude a buscar líquido a los tendones y de ahí, que las tendinitis aparezca frecuentemente entre los peregrinos. Así que  tengo en cuenta su  consejo.

Veo a varias chicas jóvenes que hacen la peregrinación a solas, y me llama profundamente la atención. Lo mismo, que las cinco personas mayores , que a su ritmo siguen la misma senda que nosotros. Son extranjeras, inglesas y francesas. Me encanta cuando pasamos y con una sonrisa dulcísima nos dicen en español, con su acento natal : “Buen Camino”. Encuentro admirable, que se embarquen en esta aventura, solas y con su edad.


Me fijo en  un joven rapado al que pasamos, también nos ofrece una sonrisa de oreja a oreja, pero lo que ha reclamado mi atención en él, es su calzado. Lleva unas botas de montaña, más propias de nieve que de senderismo. Se nota que lo está pasando mal, en la forma en la que camina. Le pregunto de donde es, y me contesta que inglés. “All right”? …yes,yes. Good way!... le comento a Alicia, que me da mucha pena verlo en ese estado. No debe tener mas de 19 años y está haciendo el camino solo.

Doce del mediodía, hace mucho calor. Empezamos a notar un gran cansancio, que nos hace parar varias veces. Aprovechamos cada fuente que encontramos, para meter la cabeza en ella, yo empapo mi gorra para aliviar mi cabeza, y se seca enseguida. Nos hemos aplicado protector solar, porque el sol nos da por la espalda, nuca y la zona de los gemelos, donde ya hemos visto algunas quemaduras en gente no tan previsora.


Los dos último kilómetros antes de llegar a Pamplona, se han hecho eternos. Se pasa por Burlada, un municipio con casi 18.000 habitantes. Hay que ir esquivando todo el tiempo, a las personas que van por la calle , que a esa hora está muy concurrida.

Llegamos a Pamplona, atravesando un precioso puente, y viene una de las cosas que mas odia Alicia. Llegar a la meta, y tener que buscar donde está el albergue. Pamplona es una gran ciudad, así que hay que ir preguntando.

Nos alojamos en el albergue Hemingway, hemos tenido que caminar ,un kilómetro más para encontrarlo. Al verlo quedamos decepcionados. La bienvenida y el trato por parte de los recepcionistas ha sido magnífico. Son gente joven, pero lo que tenemos ante nuestros ojos, es muy distinto a lo que hemos visto en internet.  Habitación pequeñísima, todo muy apretado, da a un patio interior ,donde solo se ven sábanas tendidas. No hay aire acondicionado, ni ventilador, uno de los baños compartidos, tiene una cortina asquerosa, que tienta a abandonar la idea de ducharse  en ese lugar. Estamos demasiado cansados para pensar en ello...


Salimos a comer, un menú del peregrino. Hacemos la colada, antes de  acostarnos a  la siesta ,y por la tarde, aprovechamos para visitar la ciudad, antes de la misa. Alicia se queda enamorada de Pamplona. No para de decírmelo.

En la misa presento las necesidades de todos los que se han encomendado a nuestras oraciones. Hoy la ofrezco de forma especial, por un amigo al que le han detectado un cáncer. Al terminar la Eucaristía, Alicia me pide volver a pasear por las calles de Pamplona. La verdad es que también yo ,quedo encantado con sus calles y sus tabernas que me llaman poderosamente la atención. ¡Todo es muy caro! Hemos decidido que hoy cenamos bocata.


Volvemos a las 21 h. al albergue y  a las 22, intentamos dormirnos. Sentimos nuestros cuerpos apaleados.